1990 – 91 fueron años en que comienza la desintegración territorial de la antigua Unión Soviética, dando origen a nuevos estados declarados independientes de la ahora Rusia capitalista. Georgia fue uno de ellos.
Sin embargo, este enclave caucásico se caracteriza por la coexistencia de una pluralidad de etnias, desplazadas y reacomodadas durante siglos.
Primero con la zarina Catalina II y doscientos años después con Stalin, Georgia fue rusificada a fuerza de colonos y popes (tanto con el cristianismo ortodoxo como con el “diamat” de los epígonos). Los territorios hoy disputados, Osetia del Sur y Abjasia han acentuado las diferencias étnicas al punto que un plebiscito en 2006 otorgó el 99% de los votos a favor de la independencia. Las mayorías de estas regiones separatistas, rusófonos y con pasaporte ruso, reafirmaban la voluntad autonómica respecto a Georgia.
El viernes 7 de Agosto Georgia decide invadir Osetia del Sur para aplastar la rebelión, lo que provocará la abrumadora respuesta del Kremlin.
Cáucaso, región estratégica:
Georgia es un país semicolonial, y como tal, presenta un paisaje dicotómico: por un lado, rural y pobre; por otro, rico en recursos gasíferos y petroleros y geoestratégicamente situado entre el mar Negro y el Caspio. Al sur, es una “ventana” a medio oriente, es decir, a Irak – Irán – Siria, países integrantes del “eje del mal”.
La región es rica en hidrocarburos, y en ella se encuentran los principales oleoductos y gasoductos que abastecen a Europa. Por Georgia, y en especial por su capital Tibilisi, pasa el oleoducto Bakú – Tibilisi – Erzurum, lo que afecta de entrada a Azerbaiyan, Georgia y Turquía.
En la Unión Europea hay posiciones encontradas, puesto que hay países más o menos dependientes del petróleo ruso. De manera que si Inglaterra y Francia piden revisar el papel de Rusia en el G8 (ahora G7) o congelando su participación en la OTAN, por otro lado Alemania trata de buscar soluciones más “diplomáticas” puesto que Rusia es su principal socio energético.
Saakashvili, presidente de Georgia es presentado como prooccidental, además de haber estado negociando su ingreso en la OTAN. Esto lo hace un estrecho aliado de los EE.UU.
Por otro lado, Polonia y la República Checa han acordado con Estados Unidos, la instalación del “escudo antimisiles”, lo que representa una “amenaza directa” para la seguridad de Rusia, según Serguei Ivanov ministro de Relaciones Exteriores ruso. A esto se suma la decisión de Ucrania de restringir la entrada y salida de la flota rusa desde el puerto de Sebastopol. Yushchenko, al igual que Saakashvili intenta ingresar a la OTAN
y la Unión Europea.
Sin embargo, este enclave caucásico se caracteriza por la coexistencia de una pluralidad de etnias, desplazadas y reacomodadas durante siglos.
Primero con la zarina Catalina II y doscientos años después con Stalin, Georgia fue rusificada a fuerza de colonos y popes (tanto con el cristianismo ortodoxo como con el “diamat” de los epígonos). Los territorios hoy disputados, Osetia del Sur y Abjasia han acentuado las diferencias étnicas al punto que un plebiscito en 2006 otorgó el 99% de los votos a favor de la independencia. Las mayorías de estas regiones separatistas, rusófonos y con pasaporte ruso, reafirmaban la voluntad autonómica respecto a Georgia.
El viernes 7 de Agosto Georgia decide invadir Osetia del Sur para aplastar la rebelión, lo que provocará la abrumadora respuesta del Kremlin.
Cáucaso, región estratégica:
Georgia es un país semicolonial, y como tal, presenta un paisaje dicotómico: por un lado, rural y pobre; por otro, rico en recursos gasíferos y petroleros y geoestratégicamente situado entre el mar Negro y el Caspio. Al sur, es una “ventana” a medio oriente, es decir, a Irak – Irán – Siria, países integrantes del “eje del mal”.
La región es rica en hidrocarburos, y en ella se encuentran los principales oleoductos y gasoductos que abastecen a Europa. Por Georgia, y en especial por su capital Tibilisi, pasa el oleoducto Bakú – Tibilisi – Erzurum, lo que afecta de entrada a Azerbaiyan, Georgia y Turquía.
En la Unión Europea hay posiciones encontradas, puesto que hay países más o menos dependientes del petróleo ruso. De manera que si Inglaterra y Francia piden revisar el papel de Rusia en el G8 (ahora G7) o congelando su participación en la OTAN, por otro lado Alemania trata de buscar soluciones más “diplomáticas” puesto que Rusia es su principal socio energético.
Saakashvili, presidente de Georgia es presentado como prooccidental, además de haber estado negociando su ingreso en la OTAN. Esto lo hace un estrecho aliado de los EE.UU.
Por otro lado, Polonia y la República Checa han acordado con Estados Unidos, la instalación del “escudo antimisiles”, lo que representa una “amenaza directa” para la seguridad de Rusia, según Serguei Ivanov ministro de Relaciones Exteriores ruso. A esto se suma la decisión de Ucrania de restringir la entrada y salida de la flota rusa desde el puerto de Sebastopol. Yushchenko, al igual que Saakashvili intenta ingresar a la OTAN
y la Unión Europea. Todas estas medidas “antirrusas” ponen en “peligro” la influencia Rusa en su propia región. La cuestión es que los antiguos burócratas de Moscú, devenidos en burguesía (tras el colapso de la URSS) ya no pueden seguir otorgando las inmensas concesiones a Occidente que acabarían por limitar las enormes ventajas económicas que los precios del crudo (y los recursos naturales de toda la zona – ahora en disputa) podrían ofrecerle para apuntalarse como potencia mundial.
Estados Unidos, si bien es innegable su papel como potencia económica – militar, ha perdido en los últimos diez años, su condición de potencia hegemónica. En relaciones internacionales se ha comenzado a hablar de una incipiente, pero inevitable, “multipolaridad”. Aprovechando estas circunstancias Rusia (subimperialismo regional) intenta alcanzar la posición que gozaba en la era soviética.
Pero hay algo que queda claro, EE.UU. no renunciará a su condición de única potencia sin dar batalla. El clima bélico reinante es producto de la actual situación de crisis económica mundial. Si ésta se agrava lo suficiente un nuevo reparto del mundo es inevitable.
El acuerdo entre Varsovia y Washington por el escudo antimisiles generó una respuesta contundente y que pone de manifiesto el nivel de destrucción al que puede llegar la escalada. El 15 de Agosto, Alezander Nogovitsin del Estado Mayor de las FF.AA. rusas declaró que “Estados Unidos se ocupa de la defensa antimisilística propia y no de Polonia, mientras Polonia, desplegando el escudo espacial de EE.UU. se pone sola en la mira, al ciento por ciento. Esta volviéndose objetivo de una respuesta”.
El general ruso recordó, además, que la doctrina militar rusa permite al país emplear en tales casos las armas nucleares.
La configuración de alianzas está en camino. Londres llamó a formar la mayor coalición posible contra la agresión rusa en Georgia; esto recae en el G7. La crisis se profundizó por el reconocimiento por parte de Rusia de la independencia de Osetia y Abjasia.
El gran problema de Europa es que no puede tener una confrontación con Rusia (diplomática y de largo plazo) debido a la dependencia que tiene de su petróleo y gas. Y EE.UU. además de estar empantanado en Afganistán e Irak sufre la peor crisis económica desde 1929.
Tal vez la multipolaridad tan pregonada por los académicos de las relaciones internacionales no traiga la estabilidad global que a dicho concepto se le adjudica.
29/08/2008

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